martes, 22 de septiembre de 2015

Juan de Elena


Juan de Elena, personaje real que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, fue un hombre de aguda inteligencia, instruido, ocurrente, cordial y, sobre todo, con una desmesurada querencia a la holganza. Durante toda su vida puso a  trabajar al mucho ingenio que tenía para no tener que hacerlo él. Este le procuró las más inauditas colocaciones, aunque poco le duraron por la mucha estima que profesaba a la gandulería.
En cierta ocasión, ingresó de lego en un convento con el único propósito de comer sin trabajar durante algún tiempo. Un día le ordenaron que plantase lechugas en el huerto, fray Juan, para que no le volviesen a encomendar faena tan engorrosa, las ponía con la raíz para arriba y las hojas para abajo.
Un fraile que por allí pasaba, al contemplar aquella insólita plantación lechugueril, se dirigió presuroso al extravagante hortelano.
- Hermano Juan, está usted poniendo las lechugas al revés.
- Padre Luis, a Dios querer nada es imposible. ¿Acaso duda su paternidad del poder omnímodo del Altísimo?
Ante argumento teológico tan categórico, nada supo objetar el pobre fraile.
Desconocemos lo que dispuso el Altísimo sobre las lechugas plantadas por fray Juan, sin embargo, sí sabemos que nuestro protagonista salió del convento como lo hicieron Adán y Eva del paraíso.
Muchas otras ocupaciones le procuró su ingenio, pero desengañado este porque todos sus esfuerzos resultaban baldíos, decidió casarlo con una maestra, provechoso negocio que le permitió disfrutar de una placentera holganza durante el resto de su vida… 

27 comentarios:

  1. No hay nada como saber casarse.
    Un saludo.

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  2. Qué graciosa historia... Gracias.
    Un abrazo.

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  3. Pobre la maestra que debió mantenerlo de por vida.

    ¡¡Muy bueno!1

    mariarosa

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  4. ¡Uf, espero no toparme con ningún Juan de Elena por ahí...!

    Muy ingenioso.
    Abrazos
    ;)

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  5. Está claro sin trabajo de poco sirve el ingenio! Aunque al final le salio bien,
    Un texto muy ingenioso. Besos.

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  6. El campeón de los gandules, sin duda. Lo de las lechugas es de nota.
    Un saludo

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  7. En los conventos existen los hermanos legos, unos listos y otros con ignorancia.
    Siempre hay algún fraile que defiende al nuevo que no da golpe más bien por caridad que por su poco rendimiento. El Superior interrogó a la comunidad, ¿Que virtud tiene este nuevo aspirante? Se oyó una voz que decía ¡Sabe muy bien catar los melones!
    Que continúe el buen humor.
    Abrazos

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  8. Un trato justo: la maestra tenía diversión asegurada y él había encontrado comprensión para su tendencia a la holganza.

    Buenas noches

    Bisous

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  9. Esos pícaros siempre dan razones que justifican su gandulería. Me ha encantado tan ingenioso relato,
    Feliz fin de semana.
    Un abrazo.

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  10. Todo un precursor de los actuales senadores...

    Saludos.

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  11. Escribes tan hermoso, me quedan ganas de leer mas y mas. Y una lechuga fue su mejor pretexto para salir y casarse, muy buena jugada!
    Besos, feliz fin de semana!!

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  12. Pues sí que era ingenioso y poco trabajador este hombre, que se empeño que las cosas fuesen a su manera sin darse cuenta que todo está inventado, y todo tiene un porqué. Una entrada ingeniosa. Un abrazo.

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  13. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  14. Sr. Antorelo su personaje me recuerda a uno que yo conozco que cuando lava los platos los deja sucios, porque así se asegura que no le dirán más que los lave.


    un saludo

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  15. Simpatica y ilustrativa entrada. El ingenio para todo es necesario, cada uno lo utiliza como quiere.
    Un abrazo.

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  16. Este me recuerda a mi hermano que todo lo hacia mal , para que mi madre no le mandará...
    pero todo se acaba jeje cuando se caso la mujer lo ponía hacer de todo en la casa jajajaja.
    Besos buen fin de semana

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  17. Algunos madrugan para estar más tiempo sin hacer nada. Saludos

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  18. Necesito esas tijeras de papel para cortar algo que me agobia...

    un abrazo

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  19. Ingenioso si señor este individuo

    Te dejo besos en conserva por las ausencias

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