viernes, 22 de noviembre de 2019

Pinceladas



Doce vibrantes campanadas se descuelgan de la vieja torre rompiendo la quietud de la noche. Una luna tímida porfía por asomarse entre las nubes sin conseguirlo. Recios goterones golpean los cristales de mi ventana. Ráfagas de viento se llevan hojas de los árboles y, tras un efímero vuelo, caen esparcidas por el suelo. Bajo la luz incierta de las farolas, resplandece mojada la calle.
Un gato aprovecha que la lluvia se ha ido y atraviesa sigiloso el tejado de la casa de enfrente. A lo lejos se oye el ladrido lastimero de un perro. Un hombre cruza presuroso la plaza perseguido por el eco de sus pisadas.
De nuevo regresa la calma: nada de oye, nada se mueve. El silencio se adueña de las calles de este pueblo blanco, que dormita recostado en las faldas de una sierra seductora y sorprendente.



5 comentarios:

  1. La foto me gusta pero me gustan más esas palabras.
    Has hecho magia con ellas.

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  2. Foto y palabras se engarzan a la perfección.
    Un placer comprobar que sigues con actividad en tu blog.
    Un saludo.

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  3. Me he trasladado con tu relato a las callejuelas de mi vecina Candelario, de casas blancas y recostado en la ladera de la sierra.
    Un saludo

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  4. Que buen relato, es una prosa poética lograda que se va metiendo con cada frase en una calle de tu barrio y nos muestra, porque los vemos, los rincones, los sonidos propios del lugar.
    La fotografía es una maravilla.
    Ha sido un placer leerte.

    mariarosa

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  5. me gustas cuando callas y estas como distante

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